"Nunca escribo mi nombre en los libros
que compro hasta después de haberlos leído,
porque sólo entonces puedo llamarlos míos."
-Carlo Dossi (1849-1910).
El mexicano tiene una fama ambigua por naturaleza, por desgracia la amabilidad y la fraternidad no es lo único por lo que nos caracterizamos; una terrible crisis de indiferencia cultural nos ha invadido. Poco a poco la ignorancia gana adeptos entre sus obscuras raíces no dejándonos escapar hacia un mundo donde la cultura no sea algo vilipendiado.
En México existe una basta gama de actividades y representaciones referentes a las siete bellas artes, generalmente quienes son asiduos asistentes a estos eventos son adultos y personas de la tercera edad, quienes con el pasar de los años aprecian y valoran mucho más el sentido estético del arte convirtiéndola en algo apartado ante los ojos de la juventud.
Una gran culpa de que los jóvenes de hoy tengan qn desinterés en la cultura, recae principalmente en tres “factores”
La situación actual del país es alarmante con respecto al resto del mundo. Según la UNESCO, México se ubica en el penoso lugar 107 dentro de una lista de 108 países con una lectura promedio menor a 2.8 libros al año a diferencia de los 9.9 de los japoneses. El Metropolitan Opera de Nueva York realiza en una temporada anual un promedio de 30 producciones diferentes mientras que en México se producen escasos 6 títulos anualmente. Así de cruda es la situación a grandes rasgos actualmente.
El gobierno es el principal promotor de que cifras como las anteriores se incrementen con el paso del tiempo; hoy en día los gobernantes están más preocupados por ver de dónde se saca más dinero, que invertir en educación para que a mediano ó largo plazo se generen los intereses intelectuales; la educación cultural es una de las mejores inversiones que puede hacer un país con su pueblo para ayudarlo en realidad.
El pueblo no necesita que se derrochen los 16 millones de pesos que cuesta construir playas en verano ó traer nieve artificial durante el invierno en plena capital del país, necesita que regrese la materia de “filosofía” a las escuelas de bachillerato la cual fue suprimida por la Reforma Integral de la Educación Media Superior en 2009. Necesitamos que el dinero que el gobierno invierte en cultura se vaya a donde tiene que parar, pues por un lado vemos que el presupuesto de CONACULTA se reduce año con año (160 millones para este 2011) y por otro que la novia de Marcelo Ebrard cobró durante el año pasado 53 mil pesos mensuales de la nómina de la administración capitalina. Sacando cuentas Rosalinda Bueso tiene en sus manos un porcentaje equivalente al 3.9% de la Comisión Nacional para la Cultura y las Artes.
El “mejor alcalde del mundo” debería sentir vergüenza de ser condecorado con tal honor teniendo en la ciudad que gobierna más de 192 mil analfabetas de los cuales un gran porcentaje es gente joven. No se trata de no jactarse con los logros personales, pero si de hacerlo cuando se hace la mayoría de cosas bien; un claro ejemplo es Luis XIV de Francia (1638-1715) mejor conocido como “el rey sol”, una persona soberbia, altiva y orgullosa de si misma, al grado de realizar una “ceremonia para verlo despertar” o la construcción del Palacio de Versalles para mera congratulación propia; pero de la misma forma creando la Academia de las Ciencias Francesas en 1666, ó teniendo en su nómina de empleados a artistas de la talla de Jean-Baptiste Lully (1632-1687) y Jean-Baptiste Poquelin mejor conocido como Molière (1622-1673); teniendo así todo el derecho del mundo de poder vanagloriarse a si mismo escudado en la preocupación de no descuidar sus labores culturales.
Hay que luchar para evitar que acudan al Palacio de Bellas Artes a 15 eventos cerca de 30 mil personas durante todo el 2010 y de una manera ofensiva y casi inverosímil Lady Gaga congregue alrededor de 50 mil fanáticos en una sola fecha. Influenciar a los jóvenes a realizar actividades culturales no es una labor titánica, entre más pequeños introduzcan a los niños en el arte, mayor será su interés cuando lleguen a la juventud. A un adolescente que creció en un ambiente hostil y alejado de la cultura le será más complicado comprender, asimilar y enamorarse de algún arte que alguien que desde pequeño asistió a conciertos, a museos ó que tocó algún instrumento.
Cuando un padre de joven realizó formalmente alguna actividad tiene como gran expectativa que su hijo en algún momento sea mejor que el haciéndola, siendo este un gran aliciente para inculcarle dicha actividad; el problema en la sociedad mexicana es que las actividades que generalmente se heredan son ir al cine y a comer, salir a bailar y tomar o en el mejor de los casos actividades físicas como el basquetbol o el tan asiduo futbol.
Si el padre desde pequeño inculca a su hijo una visita semanal a un museo en vez de ir al zoológico, asistir a un concierto de música culta una vez al mes en lugar de rentar una película, leer en sus ratos libres en vez de navegar en Internet ó acudir al teatro o la ópera en vez de ir al cine; se generará un hábito. El joven en algún momento lo dejará de ser y se convertirá en adulto, seguramente procreará y podrá influir en sus hijos con lo que a su vez sus padres le inculcaron y ahora es normal para el. De nosotros depende el cambiar el futuro intelectual de nuestras generaciones venideras. “Las obras se tienen medio terminadas cuando se han comenzado bien” Séneca.

